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COMO EL FINAL DE UN CIRIO

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 Esa semana llega a su término y con ella las fuerzas de Francisco. Su vida se extinguía como el final de un cirio. Era el sábado 3 de Octubre. En las primeras horas del día pidió que le leyeran el relato de la Pasión de Jesucristo según San Juan. Mientras lo hacían lentamente, el enfermo quedó inmóvil, como olvidado de si mismo. Muchos pensaron que ya había muerto, pero cuando terminó la lectura, volvió a hablar para pedir un pan. Lo tomó con sus manos temblorosas, lo bendijo y lo partió, remedando el gesto de Jesús en la última cena, y lo hizo repartir entre los presentes. Quiso decir algo, pero no le brotaron palabras. En torno de la cabaña había una calma tensa. Los hermanos no sabían si orar por el moribundo o rogarle al santo. Unos estaban de pie a su lado, solícitos al menor de sus movimientos; otros permanecían de rodillas en la capillita de la Virgen. De vez en cuando el silencio era interrumpido por la melodía solemne del cántico de las criaturas, que iba a perderse entre...

FIEL AMIGO HASTA LA MUERTE

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     Recluído en aquel lugar, Francisco se sentía feliz. La cercanía de esos muros que él había reparado y el aroma del bosque vecino, lo reconciliaban con su pasado y lo hacían una sola cosa con la creación entera. Esa choza humilde era para él como el mejor palacio. Y no es que estuviera apegado a estos lugares. Al contrario, ahora más que antes tenia su corazón desprendido de todo. Pero sentía en su interior el deber de ser cortés con todo lo que Dios había hecho para él, con todo lo que le había regalado.      Esta cortesía debía ser mucho más elocuente con sus amigos. Por eso agradecía la fidelidad y la generosidad de todos los hermanos, principiando por el noble y leal Bernardo de Quintaval, el primero que le regaló el Señor.     ¿Y cómo no acordarse de la hermana Clara la valiente, la dulce, la decidida, la diáfana ? No podía partir sin enviarle un recadito que le expresara su cariño. Dictó para ella una cartica en la que la exhortaba a que...
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                                                                                LA COSECHA ESTA LISTA Antes de terminar septiembre supo Francisco que ya estaba próximo el final y expresó su deseo de trasladarse a la Porciúncula ; quería morir en la que fue su verdadera cuna. Los hermanos organizaron el traslado . Esta vez el cortejo era más numeroso, pero siempre escoltado por caballeros armados. Ya el otoño había comenzado; en los viñedos había racimos maduros y en los trigales se iniciaba la ciega. Francisco no podía ver, pero si sentía el aire tibio y la fragancia de los campos. Sabía muy bien que era la estación de la cosechas. Cuando pasaron cerca de la leprosería, el Pobrecillo hizo detener la comitiva y pidió que lo volvieran de cara a Asís. Lo llevaban sobre una litera. Haciendo un...
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                           TESTAMENTO INSOLITO Muchos hermanos se habían hecho presentes en Asís. Habían llegado de los más diversos sitios cuando se enteraron de la gravedad de Francisco. venían a darle la despedida pero, sobre todo querían recibir su bendición. A medida que llegaban, se acercaban al lecho del enfermo y allí permanecían largo rato. Con sus ojos vendados Francisco no los podía ver, pero al percatarse de su presencia los bendecía y les recomendaba no desfallecer en sus buenos propósitos. Al volver a escuchar las voces de tantos compañeros del comienzo, no pudo evitar que su mente se poblara de recuerdos y que por su corazón cruzaran algunos relámpagos de angustia. Entonces le pidió al hermano León que escribiera lo que sería su testamento para todos los hermanos. Comenzó recordando su pasado cuando, según él, se hallaba envuelto en pecados y cuando comenzó a descubrir el rostro del Señor en el rostro d...

Origen de la Salve y la devoción de San Francisco de Asís

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                               (Salve Regina) Algunos atribuyen esta maravillosa oración a Ademar de Monteil (+1098), obispo de Le Puy. Pero su verdadero autor es  Hermann Contractus  (+1054), un monje benedictino del convento de Reichenau en el lago de Constanza. Ciertamente, la admirable melodía de la  Salve Regina  también le pertenece. Ya los primeros cruzados la cantaron en 1099, prueba de que era conocida por el pueblo. En los siglos XII y XIII se extendió la costumbre de cantarla inmediatamente después de las  Completas , la oración al final del día. Los cistercienses también la cantaban desde 1218 y los dominicos desde 1226. En 1239, el Papa Gregorio IX introdujo este canto en las iglesias de Roma. Los monjes, con las velas encendidas, se dirigían en procesión hacia un altar lateral y allí entonaban el himno. Al principio, el himno decía:  Salve, Reina de misericord...

Clara : Espejo Claro del Amor de Dios

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  Cuenta la historia que un día, Clara preguntó a Francisco ¿Cuándo te veremos? Y Francisco respondió: “Cuando florezcan los rosales” . En ese momento, dice la leyenda, empezaron a brotar las flores entre las ramas cubiertas de nieve. Clara Favarone, la “plantita” de Francisco, nace el 13 de diciembre de 1193[1] en Asís, la pequeña y bella ciudad amurallada del valle de Espoleto, que en el siglo XIII era una ciudad imperial, que gozaba de paz y prosperidad gracias a la agricultura y al comercio.   En el ámbito religioso, aún fuera de las murallas de los monasterios, se dejaba sentir un nuevo aliento evangélico más austero, más popular. Nguyen Van Khanh, en su tesis doctoral, títulada “Cristo en el pensamiento de Francisco de Asís”[2], hace una profunda investigación sobre las devociones que en la época de Francisco y Clara alimentaban el corazón de las personas, y allí dice: “los cristianos de la Alta Edad Media miraban a Cristo principalmente como Dios Todopoderoso, como ...

Una crónica del 10 de octubre

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CAPILLA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN. En el barrio norte de la ciudad, en la plaza hoy denominada Tarapacá, se encuentra la Capilla de la Inmaculada Concepción, erigida el 30 de agosto de 1876. Su fundación se debió al celo y religiosidad de la benemérita señora doña Rosa Loyola de Larrañaga, quien, con las debidas autorizaciones, y, en un lote de terreno ya anteriormente destinado a la construcción de una iglesia, edifico a su expensas dicha Capilla, para que sirviese a la población de esos barrios, entregándola a la Tercera Orden de San Francisco, regida por los reverendos Padres Descalzos Españoles. Fueron fundadores de la Capilla y de la Tercera Orden Franciscana doña Rosa Loyola de Larrañaga, don Pedro T. Larrañaga, don Juan Cobo, don Bernabé Álvarez, doña Dolores Castro de Cortes, don Nicolás Arnildo y doña Sofía Conroy. De modestas proporciones, y no de material noble, la Capilla de la Concepción ostenta, sin embargo, una clásica línea arquitectónica en su fachada. Dos torr...